ENERO 2009
Pagina Martiana

Enrique José Varona, destacado intelectual y pedagogo, quien, al morir Martí, dirigió el periódico Patria y a quien la juventud cubana lo reconoció como su Maestro por su valiente actitud cívica frente a la tiranía de Gerardo Machado, escribió  en mayo de 1921:

 

“Grande en la vida y en la muerte, heroico en el aspirar y en el  ejecutar, así fue Martí. Ayer se le miraba como un conjunto de raras y contrapuestas cualidades. Hoy, a nuestros ojos asombrados y entristecidos, su vida nos parece hecha de un solo bloque de indestructible granito. Martí fue un hombre tipo. Uno, por la fijeza de su idea, uno, por la firmeza de su carácter. Todo lo inmoló por esa idea, que no era otra que la redención de un pueblo. El artista exquisito olvidó su arte, el hombre apasionado sus afectos. Martí se desposeyó de sí mismo por completo y por completo se dio a Cuba. Demasiado sabía lo que cuesta esa consagración. Mas nunca se le vio vacilar. Aunque sus pies sangraran proseguía su camino; aunque desagarraran sus oídos los silbidos y los insultos, continuaba mirando hacia delante. ¿Qué obstáculo podía detenerlo? ¿Qué riesgo amedrentarlo? Sabía él que la mirada de Cuba lo seguía, y estaba dispuesto a merecer esa preferencia, para enseñar a los otros a merecerla. Sabía más, sabía que iba a la muerte, lo presintió, lo profetizó. Pero ¿qué le era la muerte, si lo que él quería era dar vida a un pueblo? Para que resplandeciera en lo más alto de la pureza de su corazón, sería quizás necesario que una bala enemiga lo traspasara. No importaba. Él iría a desafiar la bala enemiga. Pero entonces sus enemigos, que eran los enemigos de Cuba, tendrían que callar avergonzados; y este silencio sería el principio del triunfo de Cuba. Él no lo presenciaría, no disfrutaría de sus beneficios. Tampoco importaba si ya su obra estaba realizada, y Cuba recogía el fruto glorioso y sangriento.

 

¿Cabe mayor grandeza de alma? No, no hay vida más digna de admiración que la del patriota cubano José Martí. Sus amigos íntimos lo reconocían, cuando le daban el noble y cariñoso título de maestro. Los cubanos todos lo reconocemos, cuando lo veneramos con el nombre insigne de mártir. Fue maestro que enseñó doctrinas de libertad, lecciones de concordia, ejemplos de dignidad moral. Y por su vida de abnegación y por su muerte heroica ha merecido que se sintetice su carrera en la palabra gloriosa, que pone un nimbo resplandeciente en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la palabra SACRIFICIO.

 

(Tomado de la revista Bohemia, de 24 de enero de 2003, nº 2, pp 8)



Fragmentos del discurso del Comandante en Jefe en el IV Congreso de la UJC:

 

“Creo que la aplicación consecuente de estos principios, que son principios genuinamente marxista-leninistas, porque el marxismo-leninismo tiene que continuar desarrollándose en la práctica de todos los días en un sentido revolucionario, y veremos si hay revolución que retroceda si se aplican correctamente los principios del marxismo leninismo, y si se aplican creadoramente y, sobre todo, si se aplica el principio de aplicar el principio de aplicar los principios. Porque luego surgen los problemitas, cuando no se aplican correctamente los principios que tanto explotan los enemigos del socialismo, que tanto explotan los capitalistas para tratar de darle oxígeno a su sistema decrépito, inhumano y prehistórico. Pero esa parte nos corresponde a nosotros, los revolucionarios. Porque es fácil equivocarse, y muchas veces se cometen equivocaciones, y las equivocaciones son el resultado de falta de análisis serio, profundo; resultado de falta de análisis colectivo, que es uno de los principios fundamentales también del marxismo-leninismo. La aplicación de los principios verdaderamente democráticos y la lucha intransigente contra toda manifestación de privilegio, corrupción, etcétera,…Creo que ese debe ser el número uno de nosotros los revolucionarios cubanos, y muy especialmente de la juventud…

“…Bueno, pudiéramos decir que hay una, más importante que todas, y es la actividad de la organización en la formación de una conciencia comunista en nuestros jóvenes. Y eso es vital, decisivo. Nadie puede hacer más que la Unión de Jóvenes Comunistas en este terreno, porque prácticamente recibe a la nueva generación desde el preescolar y la atiende hasta que ingresa en el Partido; el Partido recibirá, en gran parte, lo que sea capaz de hacer la Unión de Jóvenes Comunistas…

“Ahora, se percibe también este trabajo con la conciencia de los jóvenes en el interés con que la organización ha mantenido enarboladas las banderas del trabajo voluntario, y eso es fundamental. Es fundamental, por cuanto las realidades de la construcción del socialismo nos obliga a ciertas fórmulas y ciertos métodos que no son comunistas, son socialistas; y ustedes saben bien las diferencias entre socialismo y comunismo. Hay dos fórmulas: “A cada cual, según su trabajo”, o “a cada cual, según su necesidad”. En el socialismo, cada cual se supone que aporte según su capacidad y recibe según su trabajo; en el comunismo, cada cual aporta según su capacidad y recibe según su necesidad.

“La vinculación, lógico, es una fórmula socialista. El que tiene más habilidad y más fuerza puede ganar más, y muchas veces el que tiene más voluntad, desde luego. Pero siempre hay un componente de desigualdad en el hombre…”

“Tenemos que acudir a los estímulos materiales, es una necesidad que nos impone el tránsito del capitalismo al comunismo; es decir, que nos impone la etapa socialista…”

 

(Tomado de “Fidel Castro: Discursos en tres Congresos”, Editora Política, La Habana, 1982.)


 

GENERAL DE DIVISIÓN JOSÉ LACRET MORLOT

 

Nació en Santiago de Cuba el 26 de octubre de 1850.Se alzó en los inicios de la Guerra del 68, subordinándose al My. General Donato Mármol. A fines de 1868 fue hecho prisionero y al liberársele partió para Jamaica para luego regresar clandestinamente. Fue nombrado prefecto de Guanimao, en la Sierra Maestra, territorio donde se encontraba enclavada la finca San Lorenzo. Formó parte del Estado Mayor del entonces General de Brigada Antonio Maceo cuando éste era Jefe de la División Cuba.

Participó en la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, donde fue ascendido a Tte. Coronel. Luego acompañó al Titán cuando éste embarcó hacia Jamaica, el 9 de mayo de 1878,  con el objetivo de buscar apoyo económico para continuar la guerra. Participó en la organización de la Guerra Chiquita en el sur de la provincia de Oriente, aunque no tuvo oportunidad de participar en las acciones combativas.

En la Guerra del 95 se alzó el 15 de julio de ese año, en la región de Sagua la Grande, en Las Villas, donde al no encontrar fuerzas constituidas, las organizó para luego subordinarse al My. General Manuel Suárez.

En diciembre de 1895 retornó a Las Villas para encontrarse con el contingente invasor al mando del My General Máximo Gómez y dos días más tarde, a propuesta de Maceo, fue nombrado jefe de la provincia de Matanzas con el grado de General de Brigada. En esa región libró 183 combates y a fines de 1896 sus tropas habían destruido unos cien ingenios azucareros. No obstante haber mantenido ese nivel de actividad, el My. General Máximo Gómez lo destituyó de su cargo en enero de 1897, señalándole debilidad de carácter para imponer disciplina y organización en la provincia. En marzo de ese mismo año salió de Matanzas para incorporarse al Cuartel General del General en Jefe, donde conoció su elección como delegado, por el 6 Cuerpo de Pinar del Río, a la Asamblea Constituyente de La Yaya, de la cual resultó electo Vicepresidente el primer día de sesiones el 10 de octubre de 1897. Después asumió la presidencia, correspondiéndole tomar juramento del gobierno al My General Bartolomé Masó.

Fue delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur, donde fue un ferviente defensor de la destitución de Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador. Presidió la Comisión ejecutiva de esta Asamblea hasta su disolución en junio de 1899. Fue uno de los nueve Generales cubanos que asistieron, invitados por el General norteamericano John R. Brooks,  al acto de cambio de poderes en enero de 1899.Fue electo representante a la Asamblea Constituyente de 1901, donde se enfrentó con vigor a la Enmienda Platt.

 

Tomado de Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba. Ediciones Verde Olivo, tI,


EMETERIO BETANCES 

 

El político antillano Don Ramón Emeterio Betances Alacán es un verdadero hijo de las Antillas, aunque nació en la isla de Puerto Rico, en 1827, su corazón y su razón política miraba más allá. Su pensamiento y su acción política, le obligó a vivir en distintas islas del Caribe, desterrado y perseguido políticamente. La intervención militar española en Santo Domingo en los años sesenta de ese siglo, para sofocar los intentos independentistas, lo involucró. En su destierro, comprendió plenamente la magnitud del enemigo imperialista español. Posteriormente en 1867, en Nueva York, clandestinamente colabora en la creación del Comité Revolucionario de Puerto Rico, que fue el organismo político que llevó a cabo la proclama de los 10 Mandamientos, el promotor del Grito de Lares en Puerto Rico (23, sept. 1868) y de la Confederación Antillana

Denunció al imperialismo español al igual que al yanqui: “No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos”. Su lucha por la independencia de Puerto Rico estaba ligada a la lucha por la independencia de Cuba. Expresaba: "trabajar por una es trabajar por la otra." El fracaso de la revolución puertorriqueña de 1868, no amilanó su espíritu revolucionario y continuó su producción literaria política desde Nueva York con el seudónimo de “El Antillano” en el periódico “La Revolución”. Y nuevamente el carácter internacionalista de su pensamiento, hizo que ante las reformas políticas de 1869 a 1873 en Puerto Rico -que permitieron la fundación de partidos políticos, la abolición de la esclavitud negra y la desintegración del trabajo servil - visualizase una nueva coyuntura en el proceso revolucionario antillano. Ante esta situación Betances pensó que al trabajar por consagrar a la Guerra de los Diez Años de Cuba (1868-78) los recursos y armamentos pertenecientes a los patriotas puertorriqueños, al mismo tiempo trabajaba por la lucha de la independencia de Puerto Rico, pues para él ambas luchas de independencia, estaban estrechamente ligadas. En palabras que tienen suma resonancia en nuestros días, lo expresaba así: "trabajar por una es trabajar por la otra."

Por 30 años se dedicó a servir a la causa cubana. Ya en la última etapa de la guerra, ocupó el cargo de Delegado del Partido Revolucionario Cubano a solicitud del propio José Martí (1895-98). Desarrolló múltiples tareas revolucionarias, incluyendo gestiones diplomáticas con otros países europeos, la creación de organismos europeos de solidaridad con la revolución cubana, compra y acarreo de armas para el ejército libertador, recaudación de recursos económicos y otras acciones a favor de la revolución cubana.

Su proyecto de la Confederación Antillana, puede tener distintas connotaciones ante la realidad actual. La organización política debía unir a las Antillas Mayores para que pudieran enfrentarse a las ambiciones de los imperios europeos y al imperio emergente de EU, mediante la defensa común, un mercado común y una ciudadanía común, etc. Y dicho proyecto de Confederación incluía a Haití, República Dominicana, Cuba, Jamaica y Puerto Rico.

 

Fragmentos tomados del Portal ALBA