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RICARDO ALARCÓN DE QUESADA
29 de abril del 2003
Fue el 28 de enero de este año. George Bush lo dijo con todas las letras
para que se entendiera bien. No se escondió donde no pudieran oírlo.
Lo proclamó abiertamente, en sesión solemne del Congreso, en su
informe sobre el estado de la Unión, el discurso más importante
de los presidentes norteamericanos.
Estas fueron sus palabras: "Más de 3 000 sospechosos de terrorismo
han sido arrestados en muchos países. Muchos otros han tenido un destino
diferente. Digámoslo de este modo: ellos ya no son un problema para Estados
Unidos".
El texto oficial distribuido por la Casa Blanca deja constancia de que esta
revelación fue saludada con el aplauso de quienes lo escuchaban en el
Capitolio.
Se sabía ya, desde luego, que hay miles de personas encarceladas en Norteamérica
y en otros países cuyos gobiernos promueven los derechos humanos tan
celosamente como lo hace Bush. Muchos están encerrados desde hace más
de un año sin haber sido acusados formalmente y no han tenido abogado
que los defienda.No se conocen sus nombres aunque se afirma que la mayoría
son inmigrantes o tienen la piel demasiado oscura para el racismo que cultivan
esas sociedades que se imaginan superiores.
Pero el ocupante de la Casa Blanca agregó algo que antes no se había
dicho de forma tan descarnada: "Muchos otros han tenido un destino diferente",
o sea, no están prisioneros pero........ "ya no son un problema".
No se recordaba nada parecido desde los tiempos de Hitler. Hacía tiempo
que el mundo no escuchaba semejante reconocimiento oficial a una política
de ajusticiamiento extrajudicial, de liquidación física de seres
humanos sin que medie otro procedimiento que apretar el gatillo.
El discurso fue publicado ampliamente para que todos se enteraran. Salvo en
una revista neoyorquina, no provocó denuncias ni protestas. Después
de los aplausos, el silencio.
Una vez más se comprobaba lo que un siglo antes había descubierto
Mark Twain acerca de los tres dones con los que Dios bendijo a Estados Unidos:
"libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para
no ejercer jamás ninguna de las dos".
Han pasado tres meses. Ha habido hasta una guerra que descargó sobre
el indefenso pueblo iraquí, toda la capacidad destructora del imperio
que atacó sin causa ni justificación, ultrajando la legalidad
internacional como en su época hiciera otro Führer.
Aumenta sin cesar la cifra de los "sospechosos" que guardan prisión
en Estados Unidos y en otros países, sin proceso legal alguno. Y son
más, muchos más, los que tuvieron "un destino diferente"
y.... sencillamente "ya no son un problema". Nadie tiene siquiera
una idea aproximada de cuántos ni quiénes son los asesinados que
engrosaron la interminable lista de los "no problemas". De ellos no
se ocupan los personajes que en el mundo dicen abogar por los derechos humanos
y practican así un oficio tan lucrativo como elegante.
Recientemente algunos políticos y otras personalidades han sentido la
urgencia de criticar a Cuba con motivo del proceso judicial seguido contra mercenarios
que actuaron contra su Patria como asalariados del gobierno de Washington y
por las sanciones aplicadas a varios terroristas, todos ellos encausados conforme
a leyes y procedimientos legales. Cuba no violó ningún principio
jurídico, ninguna norma internacional, no hizo nada que afectase la paz
del mundo ni que dañase el interés legítimo de nadie. Sólo
ejerció la obligación irrenunciable de defenderse y lo hizo sin
recurrir a la guerra y la violencia.
Cuba se defiende de quien la agrede y socava su soberanía organizando,
dirigiendo y financiando a grupos de traidores mientras intensifica contra ella
una guerra económica implacable y la amenaza con destruirla. Nadie tiene
derecho a ignorar que esos grupos han sido creados por Washington porque eso
consta en documentos oficiales publicados allá hace varios años.
Nadie tiene derecho a desconocer que los dirige y sostiene el gobierno norteamericano
cuando es fácil encontrar bastante información al respecto simplemente
visitando los sitios de ese gobierno en Internet.
En lugar de calumniar a Cuba, un sentido elemental de justicia debería
llevarlos a condenar la agresión que ella sufre.
Quienes rasgan sus vestiduras ante las medidas necesarias que Cuba se ha visto
obligada a tomar y se precipitaron a censurarla, todavía no han dicho
una palabra para repudiar la insólita declaración que Bush hizo
hace tres meses. ¿O es que aún están aplaudiendo?