¿Cómo funciona el Parlamento cubano?
Autor: Jorge Lezcano Pérez
Edición: Ra Cuesta Gutiérrez
Diseño de Portada: Josefina Riverón del Pino
Diseño interior y emplane digital: Iraida Ferrnández Fariñas
Foto de Portada: Armando González Fernández
Ediciones Poder Popular
Calle 42 No. 2308 Playa,
Ciudad de La Habana Cuba
“En una Nación Parlamentaria,
es necesario que el Parlamento sea
la copia legítima del Pueblo que lo eligió,
y si no lo es, ha de tenderse a que lo sea”.
José Martí
La Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba (Parlamento), constituida en 1976, después que el pueblo aprobara la Constitución en Referendo Público con el voto a favor del 97,7% de los electores, es fruto de un proceso histórico que va desde la primera Asamblea Constituyente efectuada en 1869, cuando los cubanos libraban intensos combates contra el ejercito español para liberarse del yugo colonial y las que continuaron celebrándose en los campos de guerra: Guáimaro (1869), Baraguá (1878), Jimaguayú (1895), La Yaya (1897), y La Habana (1901, después de finalizada la guerra contra España); transita por las fraudulentas elecciones municipales y presidenciales (1900) dirigidas por el General norteamericano Leonard Wood, gobernador militar de Cuba, y concluye en una prolongada etapa que abarca desde 1902 a 1958, período en que el pueblo cubano sufrió las consecuencias de un sistema neocolonial que no sólo reproducía lo más negativo del sistema norteamericano, sino que subordinaba los intereses nacionales a la gran potencia del norte. Sistema que, se sustentaba en el juego del pluripartidismo y en el supuesto ejercicio independiente de tres poderes: Judicial, Ejecutivo y Legislativo, los que en la práctica respondían de manera exclusiva a los intereses de las oligarquías dominantes. Como consecuencia de este sistema, la Revolución heredó una sociedad integrada por un millón de analfabetos, quinientos mil desempleados y una mortalidad infantil de 60 fallecidos por 1,000 nacidos vivos, menores de 1 año, entre otros muchos males.
Quienes critican el actual sistema político de Cuba, de buena o mala fe, desconocen o quieren desconocer que el Parlamento cubano se sostiene en cinco pilares de una democracia genuina y verdadera, a saber:
Desconocen también, los que así proceden, que nuestro sistema del Poder Popular está integrado por la Asamblea Nacional, las Asambleas Provinciales, Asambleas Municipales, el Consejo Popular y la Circunscripción Electoral, que es el eslabón básico del sistema; y aunque ningún órgano está subordinado a otro actúan de manera que sus funciones y actividades se van complementando para lograr el objetivo de que el pueblo pueda ejercer el gobierno de manera práctica y efectiva.
Los que gustan participar del debate Parlamento y Democracia tienen la obligación de responder a las preguntas siguientes: ¿Democracia es el número de días en que funciona un Parlamento?, ¿Democracia es el número de partidos políticos representados en un Parlamento?, ¿Democracia es la existencia de expresiones mayoritarias y minoritarias en un Parlamento?, ¿ Democracia es la facultad de un solo hombre para vetar las leyes que aprueba un Parlamento?, ¿Democracia es la concurrencia de todos esos factores sin que importe para nada a quienes benefician las leyes que se aprueban, ni si los acuerdos que se adoptan entregan la soberanía del país a naciones extranjeras o a empresas transnacionales?.
El pueblo cubano prefiere creer que democracia es su derecho a que sus representantes al Parlamento, él, por sí mismo, pueda nominarlos, elegirlos y revocarlos. Prefieren creer que democracia es justicia social, igualdad, equidad, derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la cultura, a la vivienda, a la seguridad personal y de la familia. Prefieren creer que democracia es también dignidad, derecho y deber a tener y defender una nación libre, independiente, soberana y solidaria. Es también el derecho del pueblo a darse el sistema político que considere. Prefieren creer que democracia es, como lo afirmó Abraham Lincoln, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Prefieren creer en el concepto de democracia expresado por el presidente Fidel Castro: ¨…que los gobiernos, primero, estén íntimamente vinculados con el pueblo, emerjan del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo.¨
Al abordarse el tema específico del funcionamiento del Parlamento cubano hay que subrayar que el sistema político del país se diferencia sustancialmente del llamado sistema de democracia representativa.
Mientras nuestro sistema político es el fruto genuino de una revolución autóctona que se fundamenta en la existencia de un sólo poder: el poder del pueblo, el sistema que impera en los países de democracia representativa se organiza y sustenta sobre la división clásica de los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
Es lógico, por tanto, que ideas tan radicalmente opuestas, expresen también conceptos, formas y métodos radicalmente diferentes para la integración y funcionamiento del Parlamento.
En tanto, en el sistema capitalista, el Parlamento es solamente uno de los elementos que lo integran - por cierto cada vez más criticado y cuestionado - en el sistema político cubano, la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), es su pieza clave, por constituir el órgano supremo del poder del estado, que representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo, tal como lo define el Artículo 69 de nuestra Constitución.
Al poner en práctica ese principio estratégico, los diputados cubanos aplican formas novedosas para organizar y desarrollar el trabajo parlamentario. Para ello toman como principios rectores los que al respecto se establecen en la Constitución de la República y en el Reglamento Interno de la Asamblea Nacional.
Por mandato constitucional la Asamblea Nacional se reúne en dos períodos ordinarios de sesiones al año, y en sesión extraordinaria cuando lo solicite la tercera parte de sus miembros o la convoque el Consejo de Estado.
Si se compara mecánica y superficialmente las normas y formas de funcionamiento del Parlamento cubano con la práctica que se ejerce en los Órganos Legislativos de los países de democracia representativa, inexorablemente se llegarrá a conclusiones erradas. A los amigos les preocupa si ese tiempo definido para sesionar es suficiente para que el máximo órgano Legislativo cubano pueda cumplir sus altas misiones. Y los enemigos de la Revolución se aprovechan para denigrar el sistema democrático cubano.
Si se trata de comparaciones, lo más importante a tener en cuenta es, en primer lugar, el contenido y no la forma, ya que es ésta, la forma, o sea, lo meramente aparente lo que los adversarios del método cubano esgrimen como argumento principal para intentar demostrar que un Parlamento al sesionar, según sus normas, durante 6 u 8 meses en el año, es más democrático que el cubano, que realiza sus funciones de manera diferente. Por muy sofisticada que sea la propaganda de los enemigos de nuestro pueblo, en su vano intento de restarle veracidad a nuestro sistema y transformar la realidad; para convertir la mentira en verdad nunca lo lograran. Los cubanos aprendimos de José Martí que ¨ a lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente ¨.
Para arribar a una conclusión correcta hay que evaluar las respuestas que se den a varias preguntas, como las siguientes: ¿Quiénes integran el Parlamento y a qué sectores económicos y políticos representan? ¿Cómo fueron propuestos, nominados y electos los candidatos y a qué costo? ¿Qué leyes aprueban y a quiénes benefician? ¿Para aprobar leyes que deciden el destino del país y de los trabajadores se consulta al pueblo? ¿Pueden las organizaciones de masas y sociales, que representan importantes sectores de la población, presentar al Parlamento proyectos de leyes? ¿Puede ser un ejercicio democrático la aprobación de una ley que, por artificio de las normas, se apruebe con el voto minoritario de los parlamentarios que integran el Legislativo?
Cuando se analiza la composición social de los Parlamentos de países de democracia representativa es fácil comprobar que un número importante de parlamentarios, que en ocasiones llega a ser mayoritario, representan a los sectores de la oligarquía dominante, terrateniente, de la banca, el comercio y la gran industria, y, desde el punto de vista político a los partidos de derecha, nunca comprometidos con la causa de los pobres y los desposeídos. Eso explica la lógica del porqué estos influyentes diputados siempre van a promover y favorecer leyes que garanticen sus privilegios y no aquellas que beneficien a los trabajadores.
Respecto al por ciento de votos con los que se aprueban las leyes, es práctica común que, las leyes sean aprobadas en plenarios vacíos de diputados y senadores desde el momento mismo en que los líderes de las bancadas de los partidos que gozan de mayoría se ponen de acuerdo. Peor suerte sufren los parlamentarios de pequeños partidos o que son independientes, ya que los votos de éstos para nada se toman en cuenta.
Es conocido que muchas de las decisiones que afectan el futuro de los países en el orden económico y social, o la vida personal de las familias, ni siquiera se discute en los Parlamentos, a veces ni en el propio Ejecutivo. En muchos países el Presidente, en ocasiones el Ministro de Economía, toma personalmente la decisión de aumentar los impuestos, los precios de los alquileres de las viviendas, el transporte, la gasolina, la electricidad, o de productos básicos de la alimentación, o para devaluar la moneda y el pueblo se entera por la prensa. ¿Es que esta forma de gobierno y de práctica parlamentaria es ejemplo de democracia? ¿De qué puede valer en estos casos, bastante comunes, que el Parlamento se reúna durante los 365 días de año? Lo mismo puede decirse de las ocasiones en que el FMI, al otorgar sus préstamos, impone a los Gobiernos la política social que deben seguir y les fija los gastos que el Ejecutivo podrá realizar en la salud, la educación, y demás sectores sociales. Al respecto de este asunto vital vale la pena preguntar: ¿En materia de política social cuál es el verdadero Parlamento que toma las decisiones, el del FMI o el de los Congresos Nacionales?
En los Estados Unidos, país que se presenta como campeón de la democracia, la elección para un cargo de senador cuesta no menos de 3 millones de dólares. Y en América Latina, en algunos países, dependiendo si la plaza es para senador o diputado, obliga al candidato a reunir miles o millones de dólares para poder concurrir.
Ya sabemos que hay dos fuentes principales para el acopio de ese dinero: los aportes individuales, que son insignificantes y los de empresas y organizaciones, estos últimos con los valores más importantes. ¿Qué ocurre cuando una empresa entrega a un candidato miles de dólares para que pueda resultar electo? La respuesta es obvia, el parlamentario electo deberá responder en el Congreso a los intereses de esa empresa y no a los intereses del pueblo que votó por él; a su vez, siguiendo ese mismo patrón, quedará definido el carácter de las leyes que éstos aprobaran.
Las respuestas cubanas a esas mismas preguntas tienen el aval de la participación popular durante todo el proceso electoral y de toma de decisiones para la aprobación de las leyes.
Los diputados cubanos no son propuestos por ningún partido, sino por los delegados de las Asambleas Municipales elegidos por el propio pueblo, de ahí que en la composición social de la Asamblea Nacional están presentes obreros, campesinos, estudiantes, artistas, deportistas, intelectuales, médicos, profesores, militares y científicos, entre otros, genuinos representantes de la sociedad. Igualmente su composición étnica es reflejo de la diversidad de colores presentes en la población. Y el 35,9 % de mujeres diputadas que integran la Asamblea Nacional demuestran el importante espacio que ocupan en las labores legislativas.
Los gastos de las elecciones son sufragados por el Estado e incluso, queda prohibido por la ley que los candidatos hagan campaña a su favor. Por tanto, después de ser nominados nadie tiene que gastar un solo centavo para que voten por él. Para dar a conocer los candidatos se utilizan métodos más prácticos y directos. Las biografías y fotos de los candidatos se colocan en lugares públicos de la Circunscripción Electoral, y los candidatos, todos juntos, se reúnen con los electores en locales públicos, en centros de trabajos, estudiantiles, cooperativas agrícolas, etc.
Las leyes de mayor trascendencia, aquellas que pueden afectar o les incumbe a la población en su conjunto o a los trabajadores y a su familia, se consultan y discuten con ellos en fábricas, cooperativas campesinas y escuelas así como en los barrios, entidades e instituciones de todo el país antes de ser analizadas, debatidas y aprobadas en el Parlamento. En estos procesos los diputados cubanos suelen emplear muchas más horas que las utilizadas por sus colegas en cualquier región del planeta. Digamos a modo de ejemplo, que cuando la Asamblea Nacional fue a debatir las medidas que necesitaban adoptarse para enfrentar la crisis económica causada por la desaparición de la Unión Soviética y los países socialistas de Europa del Este, incrementada por el bloqueo norteamericano y su Ley Torricelli, se llevó a cabo previamente un proceso de discusión en fábricas, cooperativas de campesinos y centros estudiantiles que duró cuatro meses y en el que participaron más de tres millones de trabajadores. ¿Existirán en los países capitalistas muchos ejemplos como éste, en que los congresistas, antes de aprobar medidas que implican creación de impuestos, aumentos de precios de artículos y servicios y de otras que, de alguna manera, afectan la economía familiar y de las empresas la consulten con los electores? ¿Qué Parlamento será más democrático, el que toma decisiones que comprometen el futuro del país y de las personas encerrado en cuatro paredes, o el que va a la calle a legislar y a tomar esas decisiones junto con el pueblo?
La Constitución cubana fija el derecho de proponer leyes, además de a diputados, al Consejo de Estado, al Consejo de Ministros, al Tribunal Supremo Popular y a la Fiscalía General de la República, a las organizaciones no gubernamentales de obreros, campesinos, estudiantes, mujeres y de pobladores de los barrios, e incluso a la población misma, en el caso que el Proyecto de Ley sea suscrito ante notario por 10 mil personas que tengan la condición de electores. Con esta norma, la iniciativa legislativa se convierte en patrimonio de amplios sectores de la sociedad.
El Artículo 76 de la Constitución establece que todas las Leyes y acuerdos que adopte la Asamblea Nacional se tienen que tomar por mayoría de votos, con excepción de los que se refieran a las reformas de la propia Constitución que requerirán de las dos terceras partes de los que integran el Parlamento. Ello impide que se utilice cualquier tipo de subterfugio para aprobar una ley con los votos de una minoría de diputados. Desde la Constitución de la Asamblea Nacional, hace 28 años, (diciembre de 2004) todas las leyes han sido aprobadas con la asistencia de más del 95% de los diputados.
Otros dos elementos cualitativos diferencian el Parlamento de Cuba de los de otros sistemas:
1. La Asamblea Nacional es el único Órgano del país con potestad constituyente. Por esa razón ningún Órgano u Organismo está por encima del Parlamento a la hora de decidir lo que es o no constitucional. Se constituye por derecho propio.
2. Los diputados cubanos no cobran salarios por ejercer sus funciones, las que llevan a cabo sin desvincularse de sus actividades laborales cotidianas, aunque reciben facilidades para el desempeño de sus funciones.
Todos estos aspectos explican amplia y claramente cuáles son los aspectos de fondo que tienen presente los diputados cubanos para fijar los mecanismos de funcionamiento de la Asamblea Nacional.
En virtud de los métodos que aplica el Parlamento cubano en su funcionamiento, el tiempo que emplean los diputados en el ejercicio de sus funciones es equivalente al de sus colegas de cualquier Parlamento del mundo. Y algo mucho más importante aún, dichos métodos garantizan una participación activa y decisiva en todos los acuerdos que adopta el Órgano Legislativo.
Veamos en ejemplos prácticos cómo se combinan forma y contenido en la actuación de los parlamentarios cubanos y cuán activa es su presencia en la labores de la Asamblea Nacional.
Primeramente referiremos la manera en que transcurren las dos sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional. Durante tres- cuatro días los diputados se reúnen en sus respectivas Comisiones para tratar y discutir todos los asuntos que son de su competencia. En estas reuniones es frecuente y normal que participen Ministros y máximos dirigentes de organismos estatales para informar de su trabajo y conocer de las preguntas y criterios de los diputados. Como parte de ese mismo proceso, una buena parte del tiempo los diputados se reúnen en sesión plenaria para que Ministros del Gobierno informen de su gestión. En este contexto se produce un amplio debate, se hacen preguntas de todo tipo, se formulan críticas y sugerencias sobre las que los Ministros deberán responder de inmediato o en plazo breve. Al finalizar este proceso la Asamblea pasa a debatir, en sesión plenaria, el Orden del Día, que previamente deberán aprobar los diputados, el cual contempla en primer lugar, los asuntos que la propia Constitución obliga, como son los del presupuesto de la Nación, la política económica y su comportamiento, los proyectos de leyes, evaluación de programas, actividades de los Organismos de la Administración Central del Estado, analizar y aprobar los Acuerdos del Consejo de Estado, designación de miembros del Consejo de Ministros, elección de jueces y fiscales. También el Orden del Día contempla temas de actualidad que previamente fueron sugeridos por las Comisiones Permanentes. A su vez, cada diputado puede formular propuestas de temas al momento mismo en que se pone a consideración el Orden del Día para su aprobación.
¿Qué ocurre entre cada sesión ordinaria y extraordinaria de la Asamblea? ¿De qué manera continúan los diputados ejerciendo sus funciones en tiempo que resulta equivalente al que emplean los parlamentarios de cualquier país?
Hay que decir, primeramente, que esto está garantizado porque entre cada sesión de la Asamblea Nacional se mantienen funcionando las Comisiones Permanentes de Trabajo (que son nombradas por la propia Asamblea Nacional), las que cuentan con un plan temático para todo el año, que previamente han aprobado sus integrantes; y, que contiene también asuntos que han sido indicados por el Presidente de la Asamblea Nacional. Igualmente se sostienen activos los Grupos Parlamentarios de Amistad que mantienen vínculos con parlamentos de todas las regiones del mundo.
Para hacer un uso racional del tiempo de cada diputado, teniendo en cuenta que éstos no son profesionales de la actividad parlamentaria; y, que por tanto, se mantienen laborando en sus respectivos centros de trabajo, cada diputado realiza fundamentalmente las tareas encomendadas por la Comisión Permanente en el ámbito de la provincia donde reside.
Otro hecho que ocupa mucho tiempo del trabajo parlamentario es el momento en que el diputado tiene que cumplir una de sus importantes obligaciones -no menos de dos veces en el año- de reunirse con sus electores para conocer de sus opiniones, demandas, o incluso criticas sobre situaciones de la comunidad o del funcionamiento de empresas y organismos estatales. Reuniones éstas en las que el diputado debe también orientar al pueblo sobre los problemas claves del país. Estos encuentros se desarrollan en un proceso que dura de dos a tres meses.
A esto hay que añadir que el diputado debe participar en las sesiones ordinarias de la Asamblea del Poder Popular del municipio en el cual fue electo. Estas deben ser no menos de cuatro en el año. En cumplimiento de lo que la ley determina el diputado rinde cuenta ante la Asamblea Municipal una vez durante el mandato y, adicionalmente, en todas las ocasiones que se le solicite.
El diputado cubano, como agente activo de la sociedad y elemento dinámico del sistema político, se mantiene estrechamente vinculado a los asuntos que caracterizan en cada momento la situación del país, en función de estos él participa de manera sistemática en reuniones de trabajadores, campesinos y estudiantes; visita fábricas, escuelas, cooperativas agrícolas; se reúne con dirigentes de empresas y organismos estatales y con muchos otros representantes de las instituciones locales y nacionales y de la sociedad civil.
Durante esta etapa los diputados llevan a cabo labores legislativas que son de su exclusiva competencia. Ellos se reúnen sistemáticamente para evaluar y discutir en el seno de sus Comisiones y en ocasiones entre todos los que residen en una misma provincia para dar sus criterios y analizar los proyectos de leyes que serán presentados a las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional.
Existen otros tres elementos fundamentales que refuerzan el carácter democrático del Parlamento de Cuba y que no están presentes en Parlamentos de sistemas diferentes.
Al establecer la Ley Electoral, que el diputado se elige en proporción de uno por 20 mil habitantes, o fracción mayor de 10 mil, ello les otorga a los parlamentarios cubanos un grado de representatividad muy amplia y los acerca mucho más a la población. Agreguemos a esta circunstancia que hasta el 50% de los diputados deben ser delegados de circunscripciones electorales (en éstas habitan entre 600 y 3000 habitantes), lo cual incorpora a la Asamblea Nacional un profundo componente popular, esta circunstancia se va a expresar directamente en los debates de la Asamblea Nacional y en el contenido de sus acuerdos. En la actualidad el Parlamento está integrado por 609 diputados, por lo que casi 300 de éstos actúan directa y permanentemente en los barrios.
Faltaría añadir que todos los municipios del país están representados en el Parlamento por no menos de dos diputados. Esto garantiza que la voz e intereses de todos los territorios estén presentes al momento de la adopción de los acuerdos que pueden influir en su desarrollo y en la solución de los problemas que los afectan. También favorecerá que el Órgano Legislativo cuente con una visión y proyección genuinamente Nacional.
El Artículo 89 de la Constitución establece: «El Consejo de Estado es el Órgano de la Asamblea Nacional del Poder Popular que la representa entre uno y otro período de sesiones, ejecuta los acuerdos de ésta y cumple además las funciones que la Constitución le atribuye». Entre varias de sus atribuciones está disponer la celebración de sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional, fijar la fecha de las elecciones, dictar Decretos Leyes, dar a las Leyes vigentes, en caso necesario, una interpretación general y obligatoria, ejercer la iniciativa legislativa, y disponer lo pertinente para realizar los referendos que acuerde la Asamblea Nacional del Poder Popular. También es competencia del Consejo de Estado designar y sustituir embajadores, lo que en la mayoría de los países es competencia exclusiva de una persona, el Presidente.
Como podrá observarse de esta disposición constitucional, aún en los momentos en que la Asamblea Nacional no esté sesionando, la acción legislativa y otras importantes funciones de su competencia no se detienen. Al respecto debe tomarse en consideración que el Consejo de Estado es elegido por la Asamblea Nacional, está integrado por 31 diputados y funciona de manera colegiada.
Resulta necesario que los que gustan hacer comparaciones superficiales y desprovistas de argumentos sobre el funcionamiento del Parlamento cubano, conozcan que entre los muchos aspectos que demuestran el carácter genuinamente democrático de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, están los que determinan que las leyes que ésta aprueba no pueden ser vetadas por el gobierno, o el Presidente, ni pueden disolverla, como ocurre en muchos países con sistema de democracia representativa.
Ya se ha convertido en norma, más bien en dogma, que muchos detractores de la Revolución cubana utilicen como argumento para criticar el sistema político cubano y a su Parlamento, el que exista un solo partido en el país. Para estos ideólogos, propugnadores de un pensamiento único, el pluripartidismo, por sí mismo, es sinónimo de democracia. No importa que éstos sean sólo dos y sin ninguna diferencia entre uno y otro, como sucede en los Estados Unidos. No importa, como ocurre en la mayoría de los países de América Latina, que solamente el 12% de la población; y en el mejor de los casos, el 27%, exprese tener confianza en los partidos políticos. Tampoco importa que en las últimas elecciones presidenciales en la Región la abstención de la población en varios países alcanzó más de un 50%.
Resulta bochornoso, denigrante, y totalmente ajeno al verdadero concepto de democracia, que en nombre del pluripartidismo se tolere lo que ocurre en numerosos países latinoamericanos en los que se tiene como fenómeno natural que un diputado o senador, que es electo formando parte del partido que lo nominó, pueda cambiarse para otro partido, incluso de ideología totalmente opuesta, aún sin haber tomado posesión del cargo. Existen casos en que durante un mismo mandato algunos parlamentarios han cambiado de partido en seis ocasiones. Bello ejemplo de democracia éste en que no se respeta la voluntad de los electores, más bien se les engaña y las banderas de los partidos políticos sólo sirven para satisfacer ambiciones personales o para favorecer alianzas e intereses de los grandes caciques de los partidos.
¿Cuánto de «democracia» hay en la práctica ejercida por las cúpulas de los partidos al designar de dedos a los candidatos y decidir con anticipación quiénes deben ser electos al determinar el orden en que serán ubicados en la boleta electoral?
Es cierto que en Cuba hay un sólo partido político, y por esa razón los que quisieran que Cuba regresara a su estatus de subordinación al gobierno norteamericano, cómo garantizaba el pluripartidismo antes de 1959, o que sea anexada al gigante del norte, no se cansan de reiterar que todos los diputados son designados por el Partido Comunista, para con esa burda mentira calificar de antidemocrático el funcionamiento de la Asamblea Nacional.
Hemos dicho anteriormente, que por Ley, el partido no puede proponer ningún candidato, que los candidatos a delegados de circunscripción los propone libremente la población, a través de procedimientos abiertos, públicos y transparentes, en los que participan siempre más del 80% de los electores, y por no ser objeto de este trabajo profundizar en el sistema electoral del país, solo añadiremos que los candidatos a delegados a las Asambleas Provinciales y a Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular son nominados por las Asambleas Municipales; y es el pueblo, quien por el voto libre, directo y secreto los elige, siendo necesario para ello, que obtengan más del 50% de los votos válidos emitidos.
Lo que nos interesa resaltar ahora es que cada diputado cubano actúa por sí mismo en los debates y durante la votación de los temas que discute y aprueba el Parlamento. No existe, como sí ocurre en otros Parlamentos, reuniones previas del partido con sus militantes para orientarles qué deben decir o cómo deben votar. El diputado cubano no rinde cuenta de su actuación al partido, sino, única y exclusivamente, como establece la Ley, a sus electores y a la Asamblea del Poder Popular del municipio por donde resultó elegido.
Los parlamentarios cubanos no discuten qué comisiones deben presidir su partido, ni qué ley va a proponer su partido y que el debe defender; mucho menos si deben votar en contra del proyecto de presupuesto presentado por el gobierno porque no corresponde a los intereses de su partido. Lo que discuten los parlamentarios cubanos- desde su propia óptica y convicción -son las medidas que se deben aprobar para continuar desarrollando la economía del país, para elevar la excelencia de los servicios de salud y educación, para utilizar óptimamente los recursos de la nación; los temas que garanticen que ningún ciudadano quede desprotegido, que cada día exista un mayor grado de equidad, justicia social, y de nivel cultural de la población. Discuten también cómo continuar enfrentando y venciendo la guerra económica y la hostilidad permanente del gobierno de los Estados Unidos, cómo mejorar e incrementar la defensa del país, y qué otras acciones debe realizar la nación para que regresen a la patria los Cinco Héroes cubanos presos políticos en cárceles norteamericanas.
El análisis de estos temas puede resumirse de la manera siguiente: ni el pluripartidismo es sinónimo de democracia, ni la existencia de un solo partido es sinónimo de falta de democracia; y, lo que importa finalmente a los pueblos no es saber cuántos partidos debe tener un país para que en él exista una verdadera democracia, sino si los parlamentarios que han elegido defienden en el parlamento sus legítimos derechos, adoptan leyes que resuelvan sus sanas aspiraciones de bienestar material y espiritual, que mejoren constantemente sus niveles de vida, en particular de empleo, salud, educación, vivienda y otros de similares necesidades para la población. Los pueblos no están preocupados por el número de partidos representados en el Congreso, están preocupados y quieren saber si los diputados que eligieron van a contar con ellos, les van a consultar o les van a hacer participar en las decisiones que el Parlamento adopte sobre todos los asuntos que comprometen su vida, su futuro y el de la nación. Y por encima de todo les interesará siempre tener la garantía de que sus representantes en el Parlamento sean capaces de defender a ultranza la soberanía e independencia del país.
Toda esta labor que desarrolla el diputado cubano le da acceso a un nivel muy amplio de información, le posibilita tomar el pulso de los acontecimientos día a día del acontecer del país; le permite estar en contacto permanente con sus electores y con la población, conocer sus problemas, inquietudes, sus propuestas y sugerencias.
Por ello él está suficientemente preparado para participar en el debate de todos los temas que se presentan en las Comisiones Permanentes de trabajo y en las sesiones de la Asamblea Nacional. Eso permite, además, que su voz en el Parlamento sea una voz calificada, que aporta, que enriquece, que apoya o cuestiona con el poder del conocimiento.
Por esa misma razón su voto en la Asamblea también es un voto cualitativo, fruto de la sabiduría popular, de la inteligencia del pueblo, de las múltiples consultas, de la expresión de los sentimientos, deseos y disposición de todos los cubanos.
Por supuesto que la labor que desarrollan los parlamentarios cubanos y la importancia de sus funciones, así como todo el actuar amplio y profundo de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, es mucho más rico y abarcador que lo expresado en estas pocas líneas. Ellas tienen como objetivo presentar, en síntesis apretada, para facilitar una lectura rápida y una fácil comprensión, la esencia del funcionamiento del Parlamento Cubano.
El mensaje principal que trasmiten estas experiencias es el de dejar constancia de que es posible otra forma parlamentaria diferente a la que hoy existe en los países capitalistas y de que ésta es, además, profundamente democrática.
Quienes lean este trabajo, sin prejuicios y con el sano interés de conocer el funcionamiento del elemento clave del sistema político cubano: la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), podrán apreciar que en Cuba se aplican, tanto desde el plano conceptual como práctico, formas de una democracia cada vez más participativa, que favorece la interacción permanente entre los diputados y sus electores, entre el Parlamento, el pueblo y la sociedad, que permite que el funcionamiento de la Asamblea Nacional del Poder Popular aunque diferente al de otros Parlamentos, no sólo sea democrático, sino también eficiente y de decisiva utilidad nacional. Podrán apreciar también la firme voluntad del pueblo y los diputados cubanos de continuar perfeccionándolo.
En el año en que se escriben estas líneas la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba cumple 28 años de existencia y 135 del establecimiento de la Primera Asamblea Legislativa. Durante todo ese tiempo los Estados Unidos han construido montañas de mentiras y falsedades para justificar sus planes de convertir a Cuba en un estado miembro de su imperio y para intentar demostrar que en nuestro País no existe un sistema democrático. Ninguno de los dos objetivos ha podido alcanzar. Si siempre han sido poderosos y hoy se han convertido en la nación más poderosa del mundo, ¿por qué será que no han podido lograrlo? Es ésta una buena pregunta que todos los interesados en el destino de Cuba pudieran hacerse. La respuesta a esta interrogante la ofreció hace más de un siglo José Martí, cuando, refiriéndose a las formas de gobiernos imposibles de remover por factores externos, expresó: «Sólo echan raíces en las Naciones las formas de gobiernos que nacen de ellas»; y al dejar definido para la posteridad el significado de libertad que siempre han defendido los cubanos, sentenció: «…Sin libertad, como sin aire propio y esencial, nada vive ». «…Es la libertad la esencia de la vida ».